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domingo, 17 de abril de 2011

En el campo de batalla...

QUIJORNA DE MADRID
Por: Jorge Bermejo

A Mara, mi primera dedicatoria para ella, porque nada más llegar ha llenado de alegría a cuantos la querremos a lo largo de la vida, sea en la cercanía o… en la lejanía cercana. No sé escribir cuentos para niños, pero a cambio tendré paciencia hasta que tú crezcas y puedas leer estas palabras en primavera. ¡Bienvenida!...

A Carlos de la Fuente, buen tipo, mejor marino, excelente amigo e inmejorable persona.

Llevan un tiempo diciendo que se han detectado linces ibéricos por los contornos de Quijorna, en la provincia de Madrid. ¡No me extrañaría!, a la vista de la ingente cantidad de conejos y roedores que campan por la zona. Personalmente estaría encantado de ello y me gustaría ver en vivo y en directo a una de esas joyas de nuestra riqueza animal, y de esta manera satisfacer una inquietud más y vivir la experiencia y el placer de descubrir lo que siempre hemos sabido por boca de otros. 
Hasta ahora, uno que es más bien urbanita, solamente ha visto otro tipo de linces. Me refiero a los que campan por la fauna capitalina y son bípedos, y además añado que estos no están en peligro de extinción, ni tienen porqué ser exclusivamente ibéricos. Carandell, don Luís, el maestro de periodistas y de la vida, diría en estas que… ¡eso se queda ya para los jamones y embutidos!
Pero ahora prefiero seguir alimentando el equilibrio que regala la grandiosa vista que me envuelve. Como en casi toda nuestra España, ahora es justamente el mejor momento que tienen los campos de Quijorna y su hermoso contorno, donde acaba de explotar la primavera, para ser disfrutados con el debido respeto. 
Así me encuentro con el sol de mediodía escoltando generosamente mis pensamientos y un concierto perfecto, con su orquesta de multitud de avispas encargadas de los instrumentos de viento y que no paran de zumbar (¡y yo que pretendo hacerme el valiente entre todas ellas!), de chicharras diestras en el chelo y la cuerda o decenas de pájaros que afinan el belle canto desde lo alto de los árboles. Y justamente por encima, como si se pudiese tocar, el cielo está despejado. No tiene heridas, no necesita el algodón de las nubes esponjosas. Su piel azul está inmaculada a la vista de ese Astro Rey, tan intenso como las sensaciones percibidas, tanto como para cumplir el tópico de beberse la vida a sorbos pequeños… pero refrescantes.
Aún imbuido por la aromática belleza, no olvido que es esta tierra de heridas y sangre, de enseñanzas aprendidas en horribles sucesos reales y de triste sufrimiento quizás en días tan hermosos como el que relato.

Hace muchos años, durante nuestra maldita Guerra Civil, se produjo una histórica ofensiva que supuso la movilización de dos ingentes Ejércitos enfrentados que agrupaban una enorme fuerza de maniobra y que costó decenas de miles de muertos (no importa el bando si están muertos) dentro del contexto de la lucha por Madrid.
Con el tiempo, a la acción se la conoció como la Batalla de Brunete
El campo de operaciones, a pocos kilómetros de la capital de España, fue realmente extenso, abarcando numerosos términos y localidades.
Pero ahora, más de setenta años después, mientras piso estas tierras de sacrificio, cuando estoy en un punto elevado divisando la grandiosidad hasta la lejanía de lo que fue el frente, percibo todo con otra dimensión y me pregunto si mereció la pena. Con la idea de que no hemos aprendido de nuestros errores no me cuesta en absoluto imaginar lo que sucedió en este trozo de nuestra Piel de Toro hace tanto tiempo, entre el 6 y el 25 de julio de 1937.
Durante la batalla, tanto la actual finca en que me encuentro mientras escribo estas líneas como los terrenos que componen el término municipal de Quijorna se convirtieron en botín y premio para ambos bandos. Era el enfrentamiento medido entre la disciplina, el miedo y la temeridad de falangistas, moros y legionarios o las fuerzas navarras de la IV Bandera con la tozudez y el idealismo aguerrido del célebre Campesino o la destreza de la 46ª División del Ejército leal a la República, parte de cuyo contingente estaba acantonado en Quijorna.

Con los pies sobre el terreno de un sangriento campo de batalla se ve, efectivamente, todo de otra manera. Como ya he mencionado antes, la vida que afortunadamente el hombre no domina se abre nuevamente paso, y visto así cuesta pensar que la localidad y su contorno fueran tan terroríficamente castigados, tanto como para que solo quedase en pie una parte de la Iglesia y algunas casas aisladas, o tanto como para tener reservado en la historia contemporánea un destacado espacio entre las ofensivas más importantes de nuestra guerra.
Las operaciones militares de estas fuerzas en maniobra se enmarcaban dentro de una ofensiva del Gobierno destinada a aflojar la soga que Franco tenía colocada entorno a Madrid-ciudad, la cual se iba cerrando peligrosamente. Por eso y además para lograr desviar recursos sublevados desde el Frente del Norte, el Ejército leal desencadena una dura ofensiva en estos parajes.
Uno, que conoce algunos olores, puede imaginar el que flotaría en el aire aquel verano del 37, entre explosiones y tiroteos. Puedo lograr imaginar columnas de humo en la lejanía, y aviones sobrevolando las extensiones verdes por donde ahora campan caballos, perros, torcaces o faisanes presumidos… y nosotros.
Lo triste de todo momento mágico, ya sea en Quijorna como en nuestra intimidad, es que resulta ser efímero –carpe diem-, que se aprende en la experiencia y que jamás se transmitirá como se recibe cuando fluye in situ con intensidad propia y en demasía, como parecen hacerlo, desde esta vega con altozanos, las suaves laderas del contorno al que miro. Con el viento parecen olas en el mar, un mar ahora verde.
La belleza es sencillez mesurada, salvo aquí, donde esa prudencia de lo natural no se esconde en primavera y se perfila delicadamente entre siluetas y brillos, con los campos reventando de verdor y vida en una estación más que nace con muchas ganas de vivir, abriéndose paso sobre todo. Así parece que el tiempo se ha detenido, que solo se quiebra su fragilidad al paso del majestuoso águila que flota imponentemente en la nada del cielo azul, limpio e intenso, bajo el sol de mediodía. Sobrevuela oteando el horizonte, esa cuasi-completa línea curva que delimita el fin del mundo. Trae quietud, la que a mí me acompaña mientras me limito a seguir observándolo.
Alrededor, de repente, todo se ha vuelto silencio. La orquesta de la naturaleza no toca ya pieza alguna. Las horas han pasado creando un atardecer de caramelo que no nos abandonará hasta el ocaso. El sol rezuma rayos brillantes, como gotas de aceite de oliva, que mueren en los promontorios y las planicies, y el éter se muestra cargado de una mágica luz vaporosa tanto como penetrante. Delicadamente se va filtrando, como ese aceite, entre los claroscuros y entre los arbustos, y en la memoria enterrada, la que duerme sin volatilizarse en la piel de nuestra tierra. 
Aunque todavía hay claridad, que se resiste a ser oscurecida por la noche del tiempo, he cerrado los ojos por unos instantes. Otro día… ¡miraré a las estrellas!

martes, 17 de agosto de 2010

LAS ESENCIAS DE LOS PUEBLOS DE ESPAÑA II

MADRID DE VILLANÍAS Y NOBLEZAS
Por: Jorge E. Bermejo
...A Sonia, sencillamente por todo... ¡gracias!
Resulta que es cierto que soy un villano, chamberilero de Madrid a mucha honra y animal aunque no Gato. Reconozco a ciencia cierta que esto último no lo soy, pues el diestro felino huiría por los túneles del Metro en lugar de soportar sus huelgas desproporcionadas y fuera de lugar. En cualquier caso eso no me resta posibilidad alguna para compartir la identidad matritense con la de esa España nuestra, de los que queremos, y por extensión de un mundo cambiante que no deja de sorprender a propios y extraños.
¡Pues sí que es cierto que soy villano!, aunque la deformación transformase un día en peyorativa una denominación con la que nacemos los de aquí. Y resulta que también me siento orgulloso de serlo teniendo en cuenta, además, que es de lo poco tradicional (en comparación con su riqueza popular) que quedará en mi ciudad a este paso. Y es que este Madrid ¡es mucho Madrid!, tanto que a veces sufre presiones para hacer olvidar de donde procede y, ni con estas, se podrá extirpar la grandeza de ser territorio amplio de memoria y acogida, de historia, vida y costumbrismo permanente, de literatura y protagonismo en ocasiones inmerecido. Recordando a Agustín de Foxá, este lugar sigue siendo afortunadamente Corte y afortunadamente también ya no es checa sino cittá aperta para quien deseé venir y establecerse o pasar, pero siempre con respeto y correcta ciudadanía, tanto incluso como la que deben buscar los que creen quererla in absentia.
Sin embargo, querido amigo lector, el Foro es en estos días un reflejo que se mira a la luz de la luna llena en el espejo del Manzanares, nuestro río tan chulo como el que más porque pretende estar a la altura de la Villa que atraviesa, pero ni él, cuajado de obras como está, se libra de la afirmación maniquea que nos atribuye ser la ciudad que nunca duerme, que siempre permanece levantada... entre zanjas y remates. ¡Aún con todo ello, ahora se viste de entrañable tradición y se sabe protagonista de la evolución capitalina!.
De esta manera, disipada en la bruma del blanco y negro, quedan en él para siempre las reuniones de lavanderas, contándose chismes de modistillas resabiadas y chisperos de Cuatro Caminos, o los tendederos para secar la ropa al sol cerca del Puente de Segovia, en sus riberas y bajo la atenta e inexpugnable mirada de la Catedral de La Almudena, que llora porque no acaba de ser aceptada como epicentro litúrgico para los madrileños más ortodoxos. Son los que siguen mirando de reojo y desde la añoranza a la popular Colegiata de San Isidro (antigua catedral), que en estos días cede su protagonismo a la iglesia por excelencia del quince de agosto: La de La Paloma. Durante esa fecha muchos castizos y otros que no lo son tanto, vitorean, se emocionan y lloran mientras ven a los bomberos (de tregua en sus coloridas protestas contra el alcalde) descolgar el cuadro de la Virgen que los tutela, la suya, la de su advocación.
Pensando en esto me niego a olvidar ese Madrid de tridiciones, teñido (como he mencionado) en tonos costumbristas e incluso tan romántico como relatase don Ramón de Mesonero Romanos allá por el XIX. Ahora, creo, aquellos espacios que vibraban con los chotis y la verbenas se van reduciendo absorbidos a golpe de fritanga cara en negocios desproporcionados, macarreo y organización artificial, de manera que si el propio Agustín Lara levantase la cabeza se quedaría perplejo y sin inspiración para cantarnos.
Madrid debe ser relevante por la importancia de lo que ofrece y por lo que sus ciudadanos hacen, pero estos días, y me temo que los próximos meses, será noticia por temas que nunca deberían ser protagonistas en una ciudad... las luchas intestinas de quienes la quieren manejar a un antojo distante en demasía de aquello que los madrileños pedimos: Trabajo, pan y paz.
El socialismo madrileño, débil y podrido hasta el tuétano como reflejo de su realidad nacional, se gangrena sin remedio, y el agotado Gallardonismo, que desea envejecer aferrado al sillón del Consistorio, se frota las manos calculando el tamaño de su rodillo cocinero para aplastar las voces que piden un cambio. En estas, lector amable, bien ilustraría tal situación la anécdota que le sucedió a La Chata, la Infanta de España -tan querida por los madrileños de la época-, y así, entre unos y otros solamente me queda por decir en este asunto que... ¡Madrid!... entre flor y rosa su majestad... ¡es-coja!. Por eso no es baladí mencionarlo, ya que observando la locura que se avecina en la capital percibo que todo esto es, más bien, cuestión de hastío y no de agallas (como las que tuvo la florista de marras con la Infanta), pues muchas veces bien se sabe que para preparar un buen caldo de pescado precisamente hay que quitarle a la cabeza del pez esta parte mencionada antes de echarla al puchero.
En el deseo de no transmitir música para las penas ni letanías lejanas de lluvia ácida, que por naturaleza suelen ser melancólicas, merece contar que hoy caminé al anochecer desde el Templo de Debod (donde el visitante podrá deleitarse en la balconada, que abarca con la vista más allá del Parque de Atracciones, con un romántico juego de luces que regala el ocaso hacia la Casa de Campo) hasta el Palacio Real, y de ahí hasta el callejón de San Ginés. En su vieja y entrañable librería de madera, que supervive en el tiempo como un dinosaurio cultural, he descansado el camino antes de zambullirme en la bulliciosa calle Arenal, que pasa por ser de todo menos aburrida. Resulta ser una mixtura de recuerdos contrapuestos donde murieron toreros y nacieron ratones que aún regalan dinero a los niños cuando se les cae un diente. Si el paseante con la imprescindible condición de no mirar el reloj, observa los primeros pisos de las fachadas podrá confirmar cuanto digo. Esta calle es un ejemplo de ese Madrid que es tan diverso como entrañable y alegre, pero también convulso, a veces reaccionario, siempre paciente y en ocasiones desentendido. Quizás por eso esta Villa y Corte ha sido y es el refugio más amable de mis penas y mis alegrias, aunque no el único. Solamente hay que saber buscar un buen sitio, acorde con el momento.
Definitivamente nuestro Magerit es un lagarto al sol que está mudando la piel una y otra vez como fiel reflejo de diversos factores surgidos de las nuevas necesidades, y resulta que el actual gobierno municipal, paralizado y endeudado, no es la mejor vitamina, como no lo es la principal oposición que, mediante el todo vale que nos llevan demostrando desde siempre, desea entrar a cualquier precio en la capital, que se resiste a su zarpazo desde hace muchisimos años.
Yo, por mi parte, ya he abierto los ojos pudiendo mirar a la lejanía del futuro, a ese cielo azul que es tan forero como el dicho popular (¡de Madrid al cielo!).
Aquí, donde casi nada es lo que se espera, el tiempo no transcurre o lo hace demasiado rápido, según deseé el propio interesado, y ahora en este amanecer de tonos magentas, sopla fuerte el viento que huele tanto a nardos como a claveles frescos, a tierra mojada y aires limpios de la Sierra de Guadarrama, y en mi camino azuza con fiereza el castizo estío que regresa un año más vestido de chulapo para refrescar entre piropos, limonadas y sangrías a la emperatríz de Lavapies, la cual y a buen seguro, estará en alguna corrala contando chismes madrileñisimos a La Casta o La Susana, mientras todas ellas se protegen del relente apañándose su mantón que vale demasiado parné.
En esta escena tan de aquí no falta don Hilarión, que las espera poniendo velas a su patrona, Paloma, la madrileña, que no llega nunca sin que Lorenzo y Cayetano lo hayan hecho antes. Y siempre es así porque cuentan las malas lenguas que son celosos de los que se echan a la calle para gritar... Guapa, guapa y guapa al paso de una Señora que pisa los pétalos de aquellos claveles reventones, rojos y blancos -muy colchoneros aunque uno sea merengue- tan propios del uniforme castizo. Si el paseante se fija podrá ver que entre el bullicio se han colado Mari Pepa y su Felipe, estirados como pocos, cameladores como ninguno, paseando su guapería entre olores de refrito y vísceras... entresijo y gallinejas, y griterío de barquilleros que invitan a mocillas y soldadesca para que prueben la suerte del barquillo en la rueda...
¡Al rico barquillo de canela para el nene y la nena!,
son de coco y valen poco, son de manta y alimentan.
De vainilla.... ¡que maravilla!, y de limón que ricos, que ricos que son!...
Así, a golpe de memoria recobrada y tradición, pienso en este Madrid tan nuestro, pero también de aquellos que aún están por venir y crecerán aquí como lo hace la Gran Urbe para extenderse naturalmente en lo que antes no eran ni arrabales y ahora son fases de promoción urbanística. Aquí sabemos algo de la construcción, después de la burbuja económica queda explicar que nuestro chotis se baila sobre un ladrillo mucho antes que surgiesen los aprovechados del pelotazo. Y pienso en esta ciudad -una inmensa corrala-, que debe mirar a sus vecinos y dar motivos para seguir en ella, en correcta convivencia, y en sus inmensas posibilidades para el siglo XXI, porque no es bueno estar desavenidos sino trabajar en UNIÓN, ni mucho menos que la ciudad siga sufriendo un gobierno con mayoría absoluta que aprovecha su posición predominante. Es imprescindible esa tercera fuerza que intermedie en la capital y apoye el PROGRESO matritense en su conjunto, pero no se venda a los cantos de sirena sino que actúe como muchos madrileños (cada vez más) deseamos para que todos juntos caminemos en convivencia y DEMOCRACIA.
¡Lo merece Madrid!, ¡claro que sí!.

miércoles, 7 de octubre de 2009

EXPEDICIONES CIENTÍFICAS: LA FOTO DE AMUNDSEN EN EL POLO SUR

HALLADA LA ÚNICA FOTO DE LA 1ª EXPEDICIÓN AL POLO SUR Fuente: EL PAÍS.com / Foto: EFE. Sídney / Madrid - 07/10/2009
Un historiador noruego localiza en Australia una imagen de 1911 del equipo de Roald Amundsen
El 14 de enero de 1911 una expedición liderada por el explorador noruego Roald Amundsen llegó por primera vez en la historia al Polo Sur. La hazaña fue inmortalizada en una fotografía en la que cuatro miembros del equipo contemplan la bandera noruega, izada en lo alto de la tienda de campaña. Ahora, casi 98 años después de aquello, el historiador Harald Ostgaard Lund, paisano de Amundsen, ha descubierto la instantánea en los archivos de la Biblioteca Nacional de Australia. "Sabíamos que se trataba de una foto de la expedición de Amundsen al Polo Sur, lo que ignorábamos era que fuese la única en el mundo", explicaba Linda Groom, directora de la Biblioteca Nacional de Australia, a la cadena de televisión y radio australiana ABC News. Lund descubrió la fotografía tras analizar durante meses más de 700.000 imágenes de la galería digital de la institución y a principios de año viajó a Australia en busca de los originales de las copias de las imágenes cedidas por la familia de Amundsen al Museo Nacional de Noruega. Tras abandonar la Antártida en 1912, la primera escala del viaje de regreso de Amundsen fue el puerto de Hobart, capital de la isla de Tasmania, donde entregó los negativos de las fotos a J. W. Beattie, un conocido fotógrafo del lugar. Según ha explicado Groom a la ABC, lo más probable es que Beattie encargase el revelado de las fotografías a su ayudante, Edward Searle, quien tiempo después las recopiló en un álbum los trabajos más importantes de su carrera titulado Vistas de Tasmania. En 1965 la Biblioteca Nacional de Australia compró el álbum a la familia de Searle. Cinco semanas después de ese 14 de diciembre de 1911 la expedición de Robert Scout, gran rival de Amundsen tomó una foto casi idéntica en el mismo lugar.
(Imagen que acompaña: De la expedición del noruego Roald Amundsen en el Polo Sur, el 11 de diciembre de 1911- EFE)

sábado, 3 de octubre de 2009

VIAJES: MI MEMORIA EN BERBERÍA (I)

UN VIAJE PARA EL RECUERDO (I) Por: Jorge E. Bermejo. (Son cuatro capítulos) A Sonia, Silvia, Nuria, Javi y Carlos, una tripulación "Master & Commander", con todo mi cariño. A nuestro bajel pirata "La Sultana", "en todo el BAR conocido, del uno al otro confín". A los nuevos y (a buen seguro) favorables vientos que han de llegar...
Música recomendada para seguir la lectura de "Mi memoria en...
BSO "EL SEÑOR DE LOS ANILLOS
LOVING YOU - LIGHT OF AIDAN FT. - NOTE FOR A CHILD
ZUEL - OLAS DE SAL
Cada historia tiene su momento para ser vivida y para ser escrita, pero siempre puede ser el momento para ser recordada…
PRIMEROS SENTIMIENTOS: LA MAR
La memoria del hombre es caprichosa, como lo son las olas del mar o las nubes en el cielo. Por eso he intentando desarrollar una fantástica vivencia colectiva frente a un papel blanco que, aunque siempre se resiste, con el tiempo se tornara en recuerdo para cada uno de los que estuvimos allí. No deseo ahora decir fechas porque codicio que el recuerdo sea fresco e intemporal, como ese mar o el viento que percibo en cada momento de la evocación. ¡Quiero recordar tierra de Berbería!, volver a sentir los mortecinos rayos de un atardecer de estío que nuevamente llegan hasta mi. En estas mi siempre amada y etérea... quizás lo que más he querido, el mar, la mar que declamase Alberti, me acompaña entre susurros como viene haciéndolo desde hace más de veinte años... Pacientemente, sin molestar, siempre presente de alguna forma y ahora más aún porque la recuerdo bajo mis pies, abriéndose hacia la lejanía tan inmensa como espectacular. Mientras la observo siento los párpados pesados y una bruma que se cierne sobre mis ojos hasta que la fatiga me hunde en un sueño frente a ella y al atardecer. De nuevo está ahí, aunque nunca se alejó demasiado, como una madre que cuida de su pequeño, y al fin así es la mar. Aunque mis ojos permanecen cerrados aún la percibo cerca, detenida y pacífica, rozándose suavemente con el mundo exterior como la piel que roza al amado en una caricia. Con el tiempo he aprendido a observarla, a comprenderla para poder disfrutar de ella como un vino excelente... con cuerpo, en cada sorbo, con cada aroma, de diferentes colores pero siempre de una forma incomparable a los demás y así es como la tengo grabada en mi memoria. Quien escribe para contar algo grita auxilio desde cada trazo que plasma y esa es su forma de expresarlo. Mientras escribo esto reconozco su ausencia y quizás necesito de ella. Para mí, no sentirla cerca es estar muerto en vida porque yo nací cuando la conocí y debo morir junto a su vera, y si no la siento no quiero vivir más. Si ella no está, mi alma cierra los ojos del corazón y huye en su busca, anhela sentirla cerca y sé que la he encontrado cuando en sueños también encuentro la paz. Quizás este sea el momento de inflexión, el Shangri-La del espíritu, cuando la paz interior es tan potente como la exterior y al fin todo es armonía.
El día dos iniciamos la singladura. Habíamos quedado en el Club Náutico de Ibiza con Carlos, querido amigo y capitán. Al acceder al Club nuestros cansados cuerpos comenzaron a asimilar el entorno marinero. Saltábamos como por arte de magia desde la gran urbe del “todo a mano” al prefacio del mundo en el que “no se debe necesitar casi nada”. Antes de embarcar debíamos reponer fuerzas. En el propio Club disfrutamos todos juntos de un fantástico gazpacho de sandía y un pesado arroz negro poco propio para estas galeradas. Así, en aquella terraza con vistas a los pantalanes deportivos, mi mente comenzó a elucubrar. El viaje con destino a la imaginación de un niño despegaba puntual, y digo bien porque es cierto que nadie que no conserve al menos un ápice de niñez, de infantil imaginación e inocencia, puede vivir a fondo lo que vivimos aquel agosto. Probablemente, el secreto de una aventura perfecta es la sabia combinación de los Egos... el ego adulto marca la seriedad y la profesionalidad -el buen rumbo sin novedades-, pero el ego infantil, aquel que permanece en continuo peligro de extinción según nos hacemos adultos, ve batallas donde quizás las hubo, ve debajo del mar sin sumergirse, otea el horizonte buscando galeras y explora cada centímetro de su entorno esperando descubrir cualquier tesoro. Y cualquier tesoro es lo que acopia, ya que solo aquel que vea el cielo, el mar y la tierra con los ojos de un niño verá tras cada estela de espuma o en cualquier islote un tesoro del que solo él conoce su valor y que tan solo a él le espera el privilegio de guardarlo, y, mientras mira al atardecer en el mar deja que su mente invente lo que el mundo le prohibió. En estas, cada noche se duerme dentro de un diminuto camarote, que a media noche se carga de calor, esperando que las vivencias se transformen en una aventura mientras, a través del ojo de buey, la luna y las estrellas, el cielo más puro que podamos imaginar, nos acuna y nos duerme entre bamboleos consonantes del casco. Quizás a otros no les dé tiempo para asimilar tanta información que se percibe, pero a mí sí porque alimento esa mirada de niño y tengo aquella cajita de tesoros que lleno cada día y que al cerrar los ojos cierro también bajo mil llaves.

VIAJES: MI MEMORIA EN BERBERÍA (II)

UN VIAJE PARA EL RECUERDO (II) Por: Jorge E. Bermejo
BOCCHERINI - CONCIERTO PARA VIOLÍN Nº3
ALMADRAVA - LAND OF ETERNAL SUNSET
Buceo en un mundo de silencios, sintiendo la caricia de la posidonia, el silencio de la soledad, el azul y la paz del mar, la inocencia de quien me observa sin verme depredador...
MEDITERRANEO VIVO: LA ATALAYA DEL L´ESPALMADOR
En L´Espalmador explota alrededor de mí el atardecer en toda su belleza, las piedras blanquecinas del torreón de vigías reflejan el calor y el sol del día y se transforman en rosáceas flores de roca sin pétalos. Su aspecto es tan delicado como real, lo sé porque si las toco se vuelven arenisca, como el volátil cuerpo que me sostiene mientras escucho el viento. Es entonces cuando me siento extra corpóreo, cuando me deslizo por su refrescante superficie, y siento la espuma de las olas y escucho su idioma y respiro su aroma... y si tú buscador de paz quieres conocer el momento más hermoso, quizás sea justamente este, cuando la mar, mi mar, el elemento, se mece entre armónicos bamboleos. Calmada y plana, inmensa, abierta al éter eterno y colosal, me muestra su poder y se extiende hasta la lejanía como una delgada película a veces rota por el suave ondular del agua. Permanece... me espera brillante y engalanada por el sol, cuajada de escamas plateadas que se reflejan en la superficie y llegan hasta aquí, azul de oscura soledad allá en lontananza, y turquesa de alegre serenidad a mis pies. …Ahora estamos hablando, no la interrumpas, ahora estamos mirándonos junto al viejo acantilado que el mar engulle cada día… La estratégica isla de L´Espalmador atesora multitud de historias de piratas, aquí se aprovisionaban y descansaban tras cada fechoría y en ella desembarco un dos de agosto de 1588 el legendario Barbarroja, al mando de una flota con más de veinte navíos. Nosotros, más livianos pero igual de aventureros, salimos en una sola lancha rumbo al extremo norte, con dirección a la torre de observación. Es una sencilla construcción troncocónica con tres niveles que está adornada con cordones de piedra en cada planta. Allí, al refugio de sus gruesos pero delicados muros veremos el ocaso en su estado más puro. Sobre sus almenas espero sentado en el mejor sitio deseable, el más elevado y desierto. Aguardo entre anaranjados del cielo y azules del mar la muerte, un día más, del Astro Rey hasta el amanecer del siguiente día. Desembarcamos apenas cuarenta minutos antes sin saber muy bien lo que encontraríamos. Parece tiempo suficiente para acomodarse ante el espectáculo pero no lo es tanto cuando no conoces el lugar. Das una vuelta por el contorno, pones a refugio la motora, observas la mar y subes hasta el torreón entre bromas y ambiente relajado. Sobre un entrante algo revuelto, rocoso e incómodo, donde muere la corriente y por tanto nunca está del todo tranquilo, dejamos la barca y observamos los alrededores. El agua nos llega por las rodillas y caminamos torpemente entre afiladas rocas submarinas y centenares de colonias de lapas y otros crustáceos. Es un área para tener especial cuidado pues cualquier paso mal dado puede llevar a molestos cortes con los afilados perfiles de las conchas. Yo me he quedado atrás, me distancio del grupo hasta casi perderlos en un cambio de rasante arriba de la ladera. Necesito estar solo, “ella” me pide soledad muchas veces. Estamos en una vertiente que para nada parece unida a , L´Espalmador donde la arena es fina, las aguas transparentes y cristalinas, tranquilas, el entorno de ensueño y la vegetación imponente. Todo ello hace de aquel lugar un destacamento del paraíso en la tierra. Sin embargo, esta parte en la que ahora me encuentro, desde donde tomo algunas notas barrido por la brisa que lame la rocosa ladera... esta parte, digo, será Desolación, rocas oscuras cerca del mar, terreno pedregoso sin apenas arbolado sino tan solo plantas bajas repartidas aquí y allí y... un naufragio. Pero en tierra solo sobreviven las pacientes sabinas aferradas con garfios rugosos, inclinadas y deformes a merced de los vientos que azotan este extremo permanentemente. Sin embargo ahora deben estar en su esplendor, y así exhiben sus frutos en forma de bola verde, un verde tan intenso que resaltaba entre el resto del arbusto.
Piedras y naufragios, ¡y un naufragio!. Los naufragios siempre me han sonado a depresión, soledad, almas que se rompen contra las rocas de la vida, solitarios paisajes fríos y almas débiles que vagan. Naufragio son también los restos de un barco desperdigados por la costa. No es el primero que veo, conozco al menos el American Star de Fuerteventura y, por motivos laborales, algún otro de menor calado. Así, los restos del naufragio tangible nos dan la bienvenida entre trozos de tablones, pedazos de cabos deshilachados o mugrientas boyas. Estoy caminando solo, abstraído, escuchándolo. Junto a mí, el mar hambriento devora poco a poco la tierra pero yo sigo en silencio, de nuevo escucho el silencio y mis pasos sobre la roca. Juntos me producen un escalofrío, una sensación de soledad que acaba relajando mis sentidos. Al fin, el paseo concluye a los pies de la torre, junto a su puerta, que para sorpresa nuestra está abierta. El candado se encuentra abierto y colgando de una argolla.

viernes, 2 de octubre de 2009

VIAJES: MI MEMORIA EN BERBERÍA (III)

UN VIAJE PARA EL RECUERDO (III) Por: Jorge E. Bermejo

GENESIS

SO FINE - A DAY IN THE SUN

…alegre, porque sé que tú eres mi patria, amor mío; y triste, porque toda patria, para los que la amamos, […] tiene también bastante de presidio. ÁNGEL GONZALEZ (POETA)

La fachada de la torre que mira al atardecer está iluminada por los tonos anaranjados que regala un sol vencido por el ocaso. Desde fuera observo las ménsulas en lo alto de la torre y me decido a entrar. Mis ojos, hasta que se acostumbran, sienten el impactante cambio de luz cuando accedo al interior. En un segundo se ha hecho la penumbra y, aunque no veo, percibo el suelo arenoso que guía mis pasos. Dentro, la planta baja se divide en pequeñas estancias bien ventiladas, de techos altos y con una escalera de caracol en piedra perfectamente integrada que nos conducirá a la almena pasando por un piso diáfano intermedio. Hago una rápida serie de fotografías mentales y observo en lo alto de una de las estancias un ventanuco, como un respiradero, para el almacén de pólvoras. Después sigo mi camino ascendiendo por la empinada escalera hasta las almenas. El sol sigue penetrando en el mar. Se hunde presumido para los veraneantes, idílico para enamorados y soñador para los solitarios. Pero allí, en el horizonte, queda demasiado lejos para impacientes y calculadores. Entre él y nosotros se extiende en la inmensidad el Gran Azul, con la quietud del tiempo que se detiene, sin interferencias como una siesta de verano. Las estelas de los barcos a nuestros pies nos sorprenden, Ferrys, yates y veleros se cruzan en una especie de autopista marítima que a esas horas cobra cierta intensidad. Incluso avezados y lanzados excursionistas a bordo de embarcaciones neumáticas sobrecargadas (que apenas mantienen la línea de flotación a un nivel óptimo de seguridad) pasan por delante de nosotros, y se adentran en el canal. Desde aquí, desde la almena de esta atalaya anclada por los siglos de los siglos como proa varada en la pétrea Tierra, se ve el mundo con otros ojos, más humildes y livianos… ¡tan simplemente sencillo!. Este es un lugar donde el hombre empequeñece y se siente en paz, donde el tiempo pasa sin referencias. Hay muchos otros, pero este es especial... aquí todos somos iguales. Desde la torre de piedra situada en el extremo más inhóspito de esta media luna, desde el baluarte que otrora fuese puesto de oteo contra incursiones piratas y berberiscas, el sol me ofrece un primer plano del ocaso en el mar. El islote de Es´Vedrá desea cobrar protagonismo en el juego de luces y sombras. La megalítica formación rocosa surge de las aguas como soldado que custodia el anochecer, inmóvil, varado, dejando que los últimos resquicios que nos iluminan viertan sus placeres al mar dibujando una estela plateada mortecina sobre la lámina del agua.

Ahora son las barcas de pesca las que cruzan níveas frente a mí. Solas en el marco infinito recobran la majestuosa sencillez de antaño. Y así, unas van, otras vuelven mareadas entre el oleaje del último ferry del atardecer que supera veloz la lengua de mar. Son velas blancas y latinas que, aliadas con el viento, se presentan puras e hinchadas, presumidas, dejando pasar a través de ellas la tenue luz del sol. Mientras tanto, la brisa me trae sus runrunes renqueantes y quejicosos provenientes de pequeños motores que las ayudan a navegar. Mar adentro el sol ya se hundió en el horizonte, precisamente acariciando a Es´Vedrá, como si quisiera ayudarlo a ser extrañamente enigmático. Nosotros, abrazados por el silencio del viento y embelesados en el instante, huimos en el barco de los sueños con él, cada cual el suyo… pero todos tenemos alguno. Aún oculto ya en el horizonte seguimos mirando a la nada, allá donde nos dijo adiós, todavía sobrecogidos por un atardecer despejado, irrepetible y de ensueño. Aunque todos permanecemos sentados al resguardo de los gruesos muros, comienza a refresca en la atalaya y es hora de regresar al barco, todavía nos queda descender la ladera garabateada por las mareas y cruzar la bahía en Zodiac hasta nuestro velero. Desde lo alto vemos los barcos fondeados como minúsculos juguetes y, en un alarde de Ojo de Águila, intentamos encontrar a nuestra Sultana. Más allá surge la lengua de playa, con su arena todavía amarilleando, y a la izquierda el bosque y el pantano, cuyos barros sulfurosos de azufre son prácticamente parada imperdonable en L´Espalmador. Sobre todo destaca solitaria la casa del alemán y el diminuto embarcadero, pero al fin, de nuevo, el mar acota delicado el horizonte difuminado. De nuevo me he apartado del grupo y me he quedado solo, en silencio, esperando ver mi particular ocaso. No hace tanto que el sol descendió rápidamente dejando a su paso una neblina inmóvil y, sobre el mar, mientras se disipaba su estela, los colores anaranjados y amarillos se fundieron con el azul y la sombra. Mi retina todavía guarda sus sensaciones. Antes de marcharme miró a Es Vedrá, megalítica, solitaria, que cierra por hoy sus ferrosos ojos de misterio. No es su magnetismo o su fuerza telúrica lo que me invade, es la imagen retrotraída desde tiempos en que los piratas se escondían dentro de sus ensenadas a la espera de cometer alguna fechoría, agazapados y emboscados aguardando entre las pequeñas calas el paso de alguna embarcación atrevida o despistada para atacarla furtivamente. Ha caído inexorable la tarde sobre las calas recoletas. El agua pierde sus tonos y trasparencias cuando la luz desaparece. A L´Espalmador comienzan a llegar barcos en busca de fondeo para pasar noche a refugio de molestos vientos. Sorteamos un sinfín de veleros y yates aproados al viento que, convertido en brisa peina la playa y llega hasta aquí ordenando los barcos. Se ve cual tiene orza y fondo con una simple mirada, sencillamente unos pandean a un lado y a otro, mientras que los orzados están casi fijos esperando la noche. Navegando entre ellos se advierte que el lugar, en estas fechas se convierte en un gran vecindario de chalets adosados donde conviven vecinos de muy diferente procedencia. Con permiso del querido lector romperé el momento con una licencia puntual pues la escena, en una primera impresión, me recuerda a la película de la ventana indiscreta. En las bañeras los lobos de mar de diseño y marca brindan y bromean bajo las primeras lámparas nocturnas encendidas de los barcos. Pronto, el fondeadero se convertirá en un lugar oscuro y silencioso solo marcado por decenas de puntos luminosos, las lámparas sobre cubierta e indicativos luminosos de “todo horizonte”.

jueves, 1 de octubre de 2009

VIAJES: MI MEMORIA EN BERBERÍA (y VI)

UN VIAJE PARA EL RECUERDO (y IV) Por: Jorge E. Bermejo

Café del Mar - Paradise
Habib Koite & Bamada - Din Din Wo (Little Child)

Ser emperador de sí mismo es la primera condición para imperar en los demás JOSE ORTEGA Y GASSET
Abre el día sobre L´Espalmador. Hemos hecho noche aquí también nosotros, al abrigo de los vientos del este. Es un lugar magnífico no solo visualmente sino como fondeadero para protegerse de los vientos que soplan casi desde cualquier esquina de nuestro mundo salvo oeste. Temprano ya ofrece el lugar oportunidad para el refresco, para un baño que conecta los polos y nos hace sentir la electricidad de la vida, un suspiro de impresión para sentirnos bien. Aquí todo es tan diferente... la brisa hace olvidar los calores pegajosos y olores del puerto. Frente a mí la lengua de tierra es prácticamente llana, alisada por los continuos vientos que la atosigan y pasan de largo lamiendo a su paso las blancas velas de nuestros barcos. Tras el baño y el desayuno comentamos el plan de navegación, nos preparamos para la singladura y a las once clavadas levamos anclas e iniciamos maniobra. Obviamente, para no afectar a la Posidonia que nos alfombra el fondo habíamos buscado espacios limpios donde reposar el anclaje. Con buena mar viramos hasta tomar rumbo suroeste, bajo nosotros, a algo más de cuatro metros de profundidad y bañadas por un agua tan cristalina que no parece haber más que la mitad de distancia, seguimos con la vista las estiradas cintas verdes de la pradera de aquella planta que se extiende bajo la quilla del barco. Mientras las observo pienso en las malditas conciencias que no se remueven ante el delicado equilibrio que nos rodea. Aquellas que, desconociéndolo o no, evitan dan importancia al beneficio que la Posidonia ofrece al mar al mar, la comunión que entre ambos existe para su mutua supervivencia y al fin la nuestra. Actualmente estas planta se encuentran en peligro de extinción por lo que, afortunadamente, están muy protegidas. Ellas nos acompañaran hasta que el profundimetro no indique más de cuarenta metros. A partir de esa medición ya no pueden vivir estas silenciosas aliadas. Desde el mar dirijo la mirada hacia tierra, me detengo en las escena que mis ojos captan y percibo por momentos como se aleja entre vaivenes. Las miro todas como si de fotogramas se tratasen. Quiero recordar todo sin recortes ni lagunas. Deseo volver un día la vista atrás y sentir que paseamos o navegamos por tierras y mares de Berbería, de piratas y atalayas de vigilancia.

En ocasiones, navegamos por la historia sin conocerla, sin percibir la fuerza en el entorno, no tenemos tiempo para detenernos, y ahora que lo tengo ambiciono que quede grabado cada instante Seguramente, cuando este cuaderno de bitácora sentimental y amable vea la luz, ya será otoño en Madrid. Acurrucado en la terraza de casa leeré con media sonrisa cada página, sintiendo renacer en mi cabeza el vívido recuerdo de los diferentes detalles. Probablemente también sople el viento junto a mí, como allí pero diferente, y un sol que apenas caliente me regalará esa luminiscencia tan especial que trae el atardecer propio de la estación. Pero ahora aún buscamos en el laberinto de nuestras limitadas cabezas la imagen nítida de los delfines saltando y coleteando junto a nosotros. Todavía me huele a Mediterráneo de manera tan intensa como se mantiene fresca la imagen de aquellos juguetones amigos en la mar, que surgen de la nada, desde las profundidades del Gran Azul para flirtear con a nosotros, para escoltarnos en su medio, emitiendo sonidos que penetran hasta nuestro cerebro y quedan grabados. Observándonos para saber si somos depredadores o no, si somos amigos o no. Y así, puedo asegurar en efecto, que todavía siguen oliendo a mar mis sentidos mientras veo el anochecer acompañarme por el estribor de mi memoria. Ahora navego a través de recuerdos pero ayer lo hacía junto a mulares que saltaban entre el crepúsculo y el velero. La estela del sol herido de muerte, brillante y plateada sobre las aguas azules, nunca fue igual y, a buen seguro jamás lo será porque esa foto que guardo en mi memoria, en el cofre de los tesoros de un niño, pervivirá siempre… delfines acompañándonos entre ese sol y nosotros, a contraluz y en paz.

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CUANDO LLEGUE EL DÍA DEL ÚLTIMO VIAJE,

Y ESTÉ AL PARTIR LA NAVE QUE NUNCA HA DE TORNAR,

ME ENCONTRARÉIS A BORDO,

LIGERO DE EQUIPAJE, CASI DESNUDO,

COMO LOS HIJOS DE LA MAR.

(ANTONIO MACHADO)

lunes, 7 de septiembre de 2009

VIAJES: CON PLUMA AJENA: JOSE ANTONIO OSUNA

Pocos amigos como él para buscar sugerencias viajeras. Jose Antonio es un especialista dedicado profesionalmente a la organización de eventos y tiempo libre que prepara viajes para empresas y particulares, un incansable "explorador" cuya larga experiencia le ha llevado a recorrer el mundo en busca de la mejores sensaciones para sus clientes. Hoy nos invita a un relajante paseo por Salzburgo, mostrándonos en unas líneas un recorrido intimista que no olvidaremos.
Salzburgo, viaje a una pequeña Gran Ciudad Por Jose A. Osuna Música recomendada para leer “Salzburgo… -Mozart. Rondo alla turca
http://www.youtube.com/watch?v=OCSevzJQ2-Y&feature=fvw -(Maria Yudina) Mozart. Concerto No. 23 in A Major
Salzburgo, una “pequeña Gran Ciudad” que apenas tiene ciento cincuenta mil habitantes, merece nuestra mirada de atención, un alto en el camino que nos desbordara los sentidos. Su oferta cultural destaca durante todos los meses del año, pero es en Navidad cuando la ciudad se vuelve especialmente atractiva y vibra en notas musicales. La gran cantidad de acontecimientos de este tipo que se celebran todos los años, unos cuatro mil en total, son su mejor carta de presentación. Igualmente, belleza y arte están presentes por todos los rincones a través de la música, la ópera, los ciclos de conciertos, los festivales, el teatro, la literatura, la danza, las exposiciones y las fiestas tradicionales. Una autentica puesta es escena. Un paseo por los montes de la ciudad nos brinda unas espectaculares vistas panorámicas sobre los tejados, las cúpulas y torres nevadas y sobretodo la majestuosa fortaleza de Hohensalzburg que domina la ciudad. Representa, mejor que nada, el poder que durante doce siglos ejercieron los Príncipes Arzobispos que gobernaron la ciudad hasta que fuera abolido por Napoleón en el siglo XIX.
Salzburg (castillo de sal), debe su nombre al aspecto de las barcas que transportaban sal en el siglo VIII procedente de las minas del monte Duerrenberg y que debían pagar un impuesto a su paso por el río Salzac. Con las riquezas procedentes de la sal se construiría la ciudad barroca… la catedral, las iglesias, los parques y jardines, las plazas y fuentes, el palacio episcopal o los palacios imperiales, el consistorio, edificios universitarios, museos y un largo etcétera. El más bello de sus palacios, el de Mirabell, fue el regalo que un Arzobispo hizo a su amante, de nombre Salome, con la que tuvo quince hijos. El Papa le mando encarcelar en una torre del castillo de Hohensalzburg donde finalmente murió. Ciudad de artistas y amantes del arte. Mozart Grandes compositores, escritores, intérpretes, galeristas o directores de orquesta han contribuido a crear el mito de Salzburgo, pero sin duda su hijo predilecto, Wolfgang Amadeus Mozart, es quien ha dejado mayor huella en la vida cultural de la ciudad. Entre los acontecimientos más importantes por su repercusión internacional destacan el Festival de Salzburgo (Salzburger Festspiele), la Semana de Mozart o los Cantos de Adviento, los Festivales de Pascua y Pentecostés, el Festival Dialoge en el Mozarteum, el Festival de Jazz en Otoño, las Fiestas de Invierno en Navidad, el Teatro de Títeres, el Festival de teatro de Calle, las Jornadas de Ballet, de música religiosa en las numerosas iglesias de la ciudad o románticos conciertos en el Castillo de Hoenzsalzburg. Por supuesto, también se puede asistir a numerosos ciclos de conciertos y festivales, algo más modestos, pero no menos atractivos. Cada año cuando se celebra el aniversario de Mozart (27 de enero) la Fundación Internacional Mozarteum organiza la Semana de Mozart con representaciones de ópera, conciertos para orquesta, música de cámara y actuaciones de excelentes solistas. Su fama como Festival de música clásica se debe a que año tras año se reúnen en Salzburgo renombrados intérpretes de la obra de Mozart procedentes de todo el mundo. También acuden importantes orquestas sinfónicas además de cuartetos y otras agrupaciones. El Festival de invierno figura entre los festivales mas reconocidos a nivel internacional para los amantes de Mozart y de la música clásica. La Semana de Mozart combina en su programa lo clásico y lo moderno. Aunque este siempre gira en torno a la figura del genio local, el espectador disfruta también de obras y conciertos contemporáneos que permiten descubrirle desde otras perspectivas. Numerosos seminarios, talleres y debates con artistas contribuyen a entender aun mejor su música. De esa manera, se guardan recuerdos muy personales.
La Fundación Internacional Mozarteum, se ocupa de gestionar los conciertos, los museos, la Casa Natal de Mozart, la Vivienda de la Familia, la Biblioteca Mozartiana así como la Sede de la Fundación. No podremos marcharnos sin disfrutar de otra forma de arte. Desde la parte alta de la ciudad escucharemos las melodías procedentes de los campanarios de las iglesias, que nos anuncian la cercana Navidad. Arte en todas sus facetas, lo más tradicional y lo más contemporáneo. Navidad en Salzburgo Sin duda el Adviento y la Navidad constituyen una de las épocas más hermosas de la ciudad. Caen los primeros copos de nieve y el olor a vino caliente, a almendras garrapiñadas y ponche, castañas y manzanas asadas inunda las calles. El ambiente será especialmente alegre y cálido de los mercados de las Plazas de la Catedral y de la Residencia, que tiene sus orígenes en el siglo XV, donde se ofrecen los mejores manjares y artesanía tradicional. En Salzburgo aún se mantiene la tradición de la Navidad Alpina. A principios de diciembre se celebran los tradicionales pasacalles de Krampus y Perchten. Se trata de un desfile donde hombres con disfraces diabólicos, compuestos de máscaras de madera, cuernos, pieles de cabra, cencerros y fustas recorren las calles de la ciudad. Estos personajes evocan a la diosa de los Alpes Percht e inspiran miedo. Pero aquel que es tocado por ellos o recibe un pequeño azote está de enhorabuena ya que según la leyenda estos personajes traen la suerte. En otros acontecimientos reina un ambiente más tranquilo y solemne, como los Cantos de Adviento, conciertos, misas o recitales. Salzburgo es un lugar ideal para celebrar un inolvidable Fin de Año, recomendable, por supuesto, en una buena compañía. La Salzburger Klangmeile (La milla de los sonidos) invita a disfrutar de un auténtico deleite para los oídos. Los amantes de la música, se deleitarán de un acontecimiento sin igual en muchas de las plazas de la ciudad (Plaza de la Universidad, Alter Markt, Plaza del Consistorio, Plaza de la Residencia…) El nuevo año se recibe a la manera austriaca, bailando el Vals del Danubio Azul a medianoche mientras las tradicionales campanadas con unos impresionantes fuegos artificiales nos acompañan en la colina del castillo. Para recuperar fuerzas, un alto en la terraza de la Cafetería Tomaselli, y a continuar la fiesta y el baile entre históricos edificios. En la Fuente de la Residencia se proyectan escenificaciones de luz. Además tanto el día 31 como el día 1, se ofrecerán numerosos conciertos para celebrar el inicio del nuevo año. Una estancia en Salzburgo no te dejara indiferente. Quien ame el arte y la cultura amará Salzburgo. Ciertamente… una excelente sugerencia para la próxima Navidad.

VIAJES: UN EXTRAÑO Y MARAVILLOSO VERANO (1)

EL TIEMPO DE LOS ESPACIOS VACIOS Por: Jorge E. Bermejo Música que acompaña la lectura:
Loreena McKennitt, The Mummers´ Dance http://www.youtube.com/watch?v=0B7sH5QLyXY
Dedicado a Javi Sánchez S., Canario, por su comprensión y por su amistad. Sencillamente por ser y estar. Dedicado también a Loida Santisteban, Raúl Fanegas, Mayse Peralta y Juan Corbera. Ha sido una convivencia maravillosa que sin duda debe repetirse, aunque sin accidente. Me han faltado Ana B. Francisco, y Aurora Gómez Rello y Jose para revivir con plenitud cierta aventura, pero tendremos más oportunidades. Por último quiero dedicárselo a Gonzalo y Eva del “A penela”, por su cariño y hospitalidad, porque son… nuevos y fantásticos amigos.
Y ahora, ¿dónde estoy?: En el lugar del que vengo, No en el lugar al que voy. Pese a todo, sigo viaje. Me detengo para mirar el paisaje, Lo reconozco y me digo: Ya lo vi. Pues entonces, ¿por qué sigo? Porque sí. (Ángel González –poeta-. La primavera avanza. Visor).
Jamás olvidaré el verano de 2009. Así comienzo y no se me ocurría mejor manera de aseverar la rotundidad. No sé ni cómo comenzar y ya se deslizan mis dedos sobre las teclas del ordenador. Es inequívoco, necesito vaciarme escribiendo y cuando esto ocurre, a veces me asusto porque salen muy puras las ideas y los recuerdos, las percepciones y los silencios, todo lo contrario que cuando reflexiono y retoco lo que voy a publicar.
Han sido días de timidez e introversión personal, de encontrar un peñasco rodeado de vacío desde el que mirar la inmensidad y a la vez un chozo perdido y solitario en la que refugiarme del mundo. Ha sido como un eterno y hermoso recorrido por veredas de silencio y ensueño, de vida profusa y medievo, un paseo por acantilados verdes sobre los que el mar que ruje no cesa de golpear. Como una paradoja el cielo me acompañó más gris que luminoso, tal y como comenzó el verano, con fuertes tormentas que aún hoy no se han disipado aunque se presenta algún claroscuro. Ahora, buscando el arcón que guarda del tiempo, descubro que se diluyen aquellos días pasados. Siento como se hacen añicos las horas de costumbres y no baja ya la tarde con la lentitud y la pausa tranquila que marcaba el caleidoscopio de luces y sombras o la visión de brumas blancas y esponjosas. Solo son reales aquí y allí las tediosas moscas que, aún somnolientas, resultan igual de cansinas en un lado y en el otro. Y así, con esos días que se alejan hasta ser un recuerdo, vivo… pero recuerdo, me siento a plasmarlos y entre odiosas comparaciones observo como la vida en la ciudad puede llegar a asfixiar si no te sientas un instante a desear estar pronto en un lugar imaginado. Yo lo hice y resultó!.
ASTURIAS: Reflexiones de un viaje sentimental por el Valle de Quirós Por: Xurde Bermejo Te pedí muchas veces que existieras. Hoy te pido otra vez que existas; ¿Dónde existes? Petición del alma eterna Dámaso Alonso
Recomendación musical para escuchar con la lectura: Kamikaze (Amaral)
http://www.youtube.com/watch?v=-H2CwJi0yJw Es agosto en el valle, es estío de hierba y paja. Por los caminos del Concellu, cuajados de moras delicadas y primerizas manzanas que aparentan ser débiles frutos todavía, se ven a los vecinos trabajar la tierra. Solos o en grupos baldean la hierba cortada de pie sobre el prado (prau). Hay sana costumbre de ayudarse unos a otros, de reunirse vecinos, o amigos, o la familia y concluir las duras jornadas todos juntos en torno a una buena comida. Aquí la tierra todavía no está invadida de tractores y medios mecánicos modernos, la orografía no lo permite. Los caminos se muestran exuberantes, aunque este año un poco secos. Los zumbidos de los insectos se mezclan con el lejano graznido de un águila culebrera, quizás provenga de las peñas a mi izquierda, después todo es soledad y silencio. Es verano en Quirós, días de turistas y familias que nos reunimos en los pueblos y barrios, mañanas de brumas que descienden pausadas las laderas dejándose fotografiar como una niña presumida… …Para ahuyentar la soledad Para espantar la decepción Porque estas ansias de vivir No caben en una canción Porque no importa el porvenir Creímos en el Rock & Roll Por eso estamos aquí Equivocados o no… Cada mañana Bárzana despierta a golpe de gallo y asno y se va creciendo entre turistas y paisanos. Por momentos y jornadas el sol es el convidado de piedra. Durante el día sus caminos, los del valle, ejercen cierto magnetismo e invitan a adentrarse en el bosque, a caminar solo con tus pensamientos. El inquieto, el observador y el que sea algo paciente desnudará el bosque y sus secretos mientras los turistas pasarán y no verán más allá de lo que sus ojos vean. Así el camino se traduce en mirar aquí y allá como la vida se abre paso, en detenerse sin prisa a observar lo más simple del mundo sin olvidar que estamos invitados a una casa que debemos respetar y que allí somos lo menos importante del entorno. Pero al anochecer reinan las sombras y el silencio y la vida continua con otra fauna muy diferente… jabalíes y venados, cernícalos y después lechuzas, zorros y roedores… algún lobo “despistado”. La noche es extraña, pertenece al alma del bosque, juega con la sugestión como pinta cada día de negro un tapiz de colores. Aquí, es preludio de un hermoso juego de luces y sombras que acompaña a los amaneceres y atardeceres. Pero sobre todo, la oscuridad también es propiedad del Quirós que arrulla cariñoso el descanso del valle, tanto como a estos ojos cansados y ya cerrados que, a buen seguro durante la noche, ayudarán a crear mil batallas en los sueños. …Y dime si sientes lo mismo Y dime si estás conmigo o contra mí Porque la misma confusión Que sientes tú la siento yo Yo me limito a seguir La ley de mi corazón Y dime si sientes lo mismo Y dime si estás conmigo o contra mí Porque estas ansias de vivir No caben en una canción Porque no importa el porvenir Creímos en el Rock & Roll Un vuelo kamikaze a la eternidad La estela de su paso quedará Y dime si…

miércoles, 13 de mayo de 2009

VIAJES: QUIRÓS (ASTURIAS), EL TERRITORIO MÁGICO (2º DÍA)

QUIRÓS (ASTURIAS): EL TERRITORIO MÁGICO (SEGUNDO DÍA) Por: Jorge Bermejo
Un camino se adentraba en los campos que soñé. Con él otro se cruzaba, el camino del saber. Y yo en la encrucijada busco la respuesta a un por qué.
ANTONIO VEGA (Compositor)
El segundo día me encontró espiando tras la cortina sus primeras horas. Sintiéndome en un estado de duermevela lo he recibido en la terraza... Las primeras luces llegan grises y transportan una extraña y cuasi silenciosa sensación en el ambiente, pero yo también permanezco en silencio intentando escuchar los sonidos del amanecer, desayunando un café con todas las casadielles (1) que pueda ingerir. Ver amanecer sobre el Valle de Quirós es un regalo del que el viajero no debe prescindir. Como tampoco debe marcharse sin sentir el orbayu que parece flotar y rodearnos, que se engancha como uñas afiladas en las paredes o cubre el suelo de una brillante película de agua. Este es un ejemplo más del microclima tan especial que envuelve Bárzana, un lugar enclavado junto a un río, entre bosques frondosos y prados recortados a los que una cadena de viejas peñas dispensa su permanente abrigo. Así se produce esta lluvia fina y constante que remueve las conciencias tanto como refresca la vida o relaja los sentidos. El orbayu puede recordar a una bestia escondida que se alimenta con la humedad de las nieblas, con la respiración de los árboles que exhalan al cielo su vaho, con las neblinas que pululan por los torrentes... Y, junto a él, es la bruma otra invitada que asciende prácticamente difuminada desde el río. Ahora, sentado y en silencio la veo subir vaporosa como el vestido que luce una mujer hermosa mientras roza la hierba en medidas caricias de amado.
Aunque sigo ensimismado percibo de alguna manera al vigilante Gamoniteiru detrás de mí. Rasca el éter desde la Sierra del Aramo que me saluda imponente. La impenetrable argolla de esa niebla (que hoy parece dominarlo todo) rodea sus paredes arriba, justo antes del cielo, en la montaña. Está anclada densamente bajo el pico, aparentemente engarfiado como el diamante lo está a su anillo. Entretanto espero a que desaparezca ese velo blanquecino, descanso mi alma intranquila, la que sigue coleando cierto espíritu urbanita aunque anhela a aprender a vivir como es debido... así también aspiro a escuchar el urogallo. Los minutos corren sin piedad, la llovizna ha cesado y pronto el sol castiga las laderas hacia León, en dirección a los picachos que cierran cualquier visión del más allá. Aparecen como una cortina pétrea y ahora brillan deslumbrantes, engañosamente cercanos. Frente a mí, mientras la ladera rebosa de vida, pierdo la mirada en la Senda del Oso, la que discurre paralela al río Quirós y continúa después de Bárzana en dirección a Santa Marina (antiguamente llamada Ambas Mestas). La Senda resulta un aprovechamiento práctico e integrado de lo que fue una vía férrea de vagonetas que transportaban el carbón que los quirosanos, generación tras generación, rascaban a la tierra que tanto aman. Ahora ciclistas y caminantes se cruzan y se pierden bajo espesura fresca de la bóveda verde y brillante que los cubre. Recomiendo aquí al aventurero lector que en alguna ocasión camine por ella solo para percibir su ego más profundo, aquel que deja poso tras la reflexión y que solo surge en lugares como este. A buen seguro, en su abstracción, el caminante estará siempre envuelto en aromas tan puros como esos que penetran en nuestro interior para quedarse. La Senda, tanto como el río, se ha logrado convertir en otro eje articulador de la historia de Quirós. Durante muchos años prestó servicio como vía de salida para el carbón de la zona y ahora sigue activa como ruta dotada de un alto interés turístico y deportivo. Sin desmarcarnos precisamente del papel de aquel primitivo tren, a lo largo del recorrido por la Senda podremos encontrar diferentes ejemplos de arquitectura industrial que surgieron al calor de la propia evolución local pero que encontró su apogeo durante una época en que España era una potencia minera, especialmente en lo que se refiere al hierro o al carbón asturianos. Así encontraremos en el camino bocas de mina inundadas, molinos, restos de maquinaria, lavaderos de mineral, etc...
El día decidió poner fin a la tregua soleada que nos había acompañado hasta la hora de comer y de nuevo nos sorprendió con la lluvia. El café de sobremesa aún humeante acompañaba las conversaciones entre buenos amigos a los que hacía algún tiempo que no veía. El restaurante del hotel Valle de Quirós es un lugar interesante, dominado por el buen ambiente que se crea entre los quirosanos que lo frecuentan y donde los visitantes siempre son bien recibidos, ideal para hacer noche, comer (aunque oferta una excelente cocina general, este modesto aficionado recomienda no marcharse sin probar el cachopo especial siempre y cuando la tarde sea propensa a la relajación) o sencillamente tomar un vino con amigos antes de reiniciar la marcha. Pero ahora, fuera, la lluvia que persiste ha vuelto a teñir de gris el pueblo por más que la montaña vigilante se intenta maquillar de los colores que nos regala el arco iris. Aunque no es la estación, todo se ha transformado es una hermosa acuarela otoñal de tejados marrones y empapados, cuajados de musgo al que peina, como a la hierba en las laderas, el viento tenue y sonoro que lo invade todo. Mientras camino solo voy escuchando mis propios pasos y agradeciendo un instante de silencio e incluso un poco de agua en la cara. Es tarde de recogimiento tras cada puerta, de mirar llover desde las ventanas. Es momento de disfrutar de la visión acuosa de un valle que explota con toda su intensidad. (1) Dulces típicos elaborados con diferentes condimentos (huevos, harina, frutos secos, azúcar, etc...)
(FOTOGRAFÍAS DE EVA MARTÍNEZ (QUIRÓS): 1ª) PANORÁMICA GENERAL. 2ª) MUJER TRABAJANDO LA ESCANDA, UN RESISTENTE CEREAL CON EL QUE SE ELABORA UN PAN COMÚN EN ASTURIAS. 3ª) (DEL AUTOR) EN QUIRÓS.)

martes, 12 de mayo de 2009

VIAJES: QUIRÓS (ASTURIAS)... EL TERRITORIO MÁGICO (PRIMER DÍA)

QUIRÓS (ASTURIAS): EL TERRITORIO MÁGICO (PRIMER DÍA) Por: Jorge Bermejo NB: Antes de contar al ávido lector como es este lugar asombroso sepa que no es destino para hacer turismo al uso.
A menos de cincuenta kilómetros de Oviedo (Asturias) llegamos a un Territorio Mágico dominado por las grandes peñas que lo circundan envolviéndolo entre mimosos brazos calizos. Un valle resguardado del frenético ritmo de la sociedad, que se abre cuajado de castaños y avellanos, de míticos tejos (1) y robustos robles (rebollu) y con el letargo remoto de los últimos espacios que quedan para perderse y sencillamente respirar. Ante nosotros se abre una parte del reino de Les Xanes, ninfas que nos observan desde la espesura, que solo habitan en bosques frondosos, vivos y hermosos, con aguas cristalinas donde reflejar su belleza, el hogar de aquellas que no te abandonarán mientras permanezcas bajo su mirada protectora. Prácticamente a la entrada del Concejo (2) de Quirós nos recibe el embalse de Valdemurio, primer lugar donde el viajero podrá poner pie en tierra para descansar. El área que lo rodea está habilitada y dispone de dos bares, uno de los cuales es nuevo y posee una magnifica terraza con vistas al pantano. El otro bar se integra en el complejo que el ayuntamiento habilitó con un servicio para alquiler de piraguas, bicicletas y equipos de escalada (3). Descansará el viajero los sentidos si es día soleado tanto como para observar en la montaña, hacia la pared de la escuela de escalada, como diminutos puntos ascienden por las vías marcadas en las impresionantes murallas naturales. En la lejanía los montañeros mantienen muy viva la tradición escaladora que ha marcado y dado fama a este lugar desde hace mucho tiempo. De Valdemurio sigo el camino arrumado por el río Quirós, un remanso truchero que articula desde la antigüedad la vida en el valle con una identidad tan propia que cambia su nombre al abandonar el concejo para convertirse en Trubia.
El sol abrió con ganas hace cinco minutos y la Senda del Oso me ofrecerá sombra hasta Arrojo (Arroxo). La mañana agradece refrescarse en su albergue, una vieja escuela que tras ser rehabilitada es ahora refugio de esquiadores de travesía, montañeros y excursionistas con niños que corretean por los pasillos marcando el paso entre carreras. Coque nos recibe a la entrada; este magnífico montañero es el responsable del albergue y un profundo conocedor de la comarca. Entre risas y saludos me cuenta su última aventura en bicicleta por Cuba. Es de esas personas con las que sabes cuándo comienzas a hablar pero desconoces cuando acabarás por eso me temo que echaré rato con él hasta la hora de comer. Una historia se encadena a otra, una aventura a otra experiencia nueva y el tiempo pasa sin darte cuenta. Con la mañana avanzando y esa extraña sensación de disponer de todo el tiempo del mundo hablamos y hablamos sentados fuera, frente al extenso prau (4) en el que aterrizan los parapentistas que se lanzan desde el Gamoniteiru, a nuestra izquierda, o desde los altos a nuestra derecha. Dicen los que son aficionados que quizás es más peligroso el salto desde este último lado por las térmicas y los picos cercanos, lo desconozco. Antes de despedirme pregunto por el bueno de Mon, otro de la montaña, un experto conocedor que hizo de su afición un trabajo y con el cual he disfrutado algunas correrías de cuerda y ochos por encima y por debajo de la tierra. Sencillamente es alguien que inspira confianza en momentos de alta tensión.
A la hora de marcharme retomo el camino. De nuevo en la Senda me dejo envolver por la espesura que me rodea, el río sigue a mi izquierda y no me abandonará hasta mi siguiente parada: Bárzana, la capital. El Quirós la acaricia en perfecta simbiosis con el entorno. No hago planes para el resto del día, no tendría sentido teniendo tanta gente a la que saludar...
(1) El tejo (teixu) más viejo de Europa vive aquí.
(2) Los Conceyus son una denominación de los aytos. y divisiones administrativas (3) Con escuela incluida. (4) Prado.