PARA LA LIBERTAD
Para la libertad me desprendo a balazos
Retornando a la mencionada hecatombe de las Torres Gemelas, la comunidad global de inteligencia descuidó un aspecto técnico tan imprescindible como resulta ser el humano. Quizás en una mala interpretación doctrinal, predominó la tesis de la inteligencia electrónica (ELIT) de manera preponderante sobre el hombre.
Sobre todo esto y dentro de la evolución de las propias metodologías, parece que hay tradiciones que son difíciles de demarcar. Así, cuando una consecución de hechos determinados, de carácter poco ético o incluso ilegal, se reproducen con frecuencia puede llegar a darse la paradoja de acabar siendo admitidos socialmente como una forma común de trabajo.
Como conclusión se debe lanzar una advertencia de seguimiento: La excesiva y mala comprensión en determinadas acciones y operativos, incluso llegando a activar equipos de neutralización física, puede llevar (y de hecho está llevando) a que determinados métodos puedan ser admitidos sin miramientos por los poderes fácticos o legislativos de diferentes naciones sin tener en cuenta la situación del propio estado como garante de derechos y deberes.
Hace unas horas que una porción del desierto del Sáhara ha sido regado nuevamente con sangre, y su cielo oscurecido de humo, y su mágico silencio acallado con llanto. Al amanecer, el miedo ya recorría las haimas del campamento saharaui de Gdeim Izak. A las seis y media de la mañana las fuerzas marroquíes lo arrasaban a golpe de innecesaria violencia dejando a su paso una dantesca imagen... fuego, columnas de humo, desconcierto, tiendas de campaña (que son hogares) y pertrechos esparcidos sobre la arena. Viento que levanta nubes de polvo sobre el pueblo saharaui hasta cubrirlo de la visión internacional. Lo que no se ve... ¡no existe!.
En una segunda fase, la ofensiva se traslada a El Aaiún, donde se han logrado refugiar numerosos habitantes del campamento, que a esas horas ya es historia. Aquí, y para que nada quede al azar, entran en juego los grupos de colonos marroquíes que actúan como patrullas del amanecer, sembrando el miedo entre la población desafecta a Rabat.
El sábado participé voluntariamente en la inolvidable y larga jornada de elecciones internas de UPyD en Madrid. Por ello, sin ánimo de ofender sino más bien de concienciar, me he sentado frente al teclado para dejar testimonio no solo de una forma más de colaboración, sino de un día de emociones precedido de una interesante campaña electoral. Es una más, pero tan particular para ser recordada como todas aquellas en las que he tenído el privilegio de participar y que, al final, deja a su paso un denso poso de experiencias -afortunadamente gratificantes en su mayoría-.
Debo reconocer, querido lector, que el título que precede a este escrito puede dar lugar a confusión, lo digo por eso de las primarias que recientemente se celebraron en determinado partido que otrora época se las diese de socialista, obrero y español y hoy, sin rumbo y cuajado de luchas intestinas, no es más que una pieza de museo arqueológico o tienda de saldo. Pero afortunadamente para ellos no es ese el asunto que me lleva a reflexionar en estas líneas. Me refiero más bien a las primarias que pronto se celebrarán en UNIÓN, PROGRESO y DEMOCRACIA. El famoso partido que algunos llaman “de Rosa Díez” se destapa tras dar la sorpresa y sale nuevamente del armario político para demostrar, por un lado, que son muchos más que “Rosa Díez”, y más que serán, sin duda, y por otro que cumple con lo que propugna: Primarias sin avales. En este caso que menciono están orientadas al Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, aunque son muchas las localidades que pronto entrarán en la fantástica vorágine electoral, que por otra parte es columna vertebral de la pluralidad y la democracia.
Los primeros aromas llegan como si la rosa estuviese abriéndose, como si aquello que tan solo nos referenciaron en fotos ahora fuese una realidad palpable. Y todo, no lo olvidemos, gracias al esfuerzo de un motor con diferentes engranajes pero que se esfuerza en la misma dirección, como así debe ser el día después. Ese motor ya no es tanto proyecto como realidad. Buena muestra de ello ha sido el regusto que dejó el mencionado acto -organizado en un conocido hotel de la capital- con el que se dio salida a un nuevo ejercicio de democracia interna que una vez más demuestra la formación política.
Arde el jardín de las delicias frente a nosotros. Las llamas ascienden al cielo que nos cubrió otrora hermoso ante la pausada quietud de la flor más bonita y el jardinero calmado que lloran su desdicha. Arde aquel frondoso lugar que acogió las primaveras y los días grises mientras, entre la crepitación de la vida consumiéndose en las lenguas ardientes, no se logra escuchar los gemidos de quien deseaba apagar el fuego con las manos. No siente calor ni incendio ya en sus dedos, una y mil veces lo apagaría porque no existe infierno grande cuando hay, todavía, razón más grande que lo pueda aplacar.En la espeluznante visión los espíritus robados permanecen silenciosos y los mercaderes se frotan las manos ante la tierra necesitada, esperando que el fuego pase, o ni eso, arrasando la vida, la memoria y la realidad distorsionada por los haraganes del alma, los envidiosos del jardín. Visión despiadada ante nuestros ojos llenos de lágrimas, humedecidos hasta hincharse o volverse rojos, agua que se filtra entre los dedos mientras los entes ven arder todo, inmóviles y shockeados.
Junto a la pendiente de la ladera, ayer verde y siempre hermosa, llora el jardinero mientras se quema las manos. Desea el infeliz derramar sobre el incendio aquellas lágrimas que pueden quedar en la miserable y postrera idea que tanto amor en cada gota apague los rescoldos para buscar, refugiado en aquellos ojos de noche, un brote donde aferrarse y salvar lo que queda. El fuego ha crecido desmesuradamente, sin control diríase, y sin embargo sus llamas son frías y no aportan luz, aquella que han robado a la noche en su totalidad. En el jardín, plagado de senderos que siempre podían terminar en una salida, rechinan los árboles, gimen y se retuercen sabiéndose morir sin esperar remisión, sin oxígeno, y todo se ha vuelto oscuridad o penumbra, luciérnagas de solsticios pasados que revolotean, reflejos temblorosos de tea anaranjada que se consume, restos de madera que espera todavía arder.